Y qué bonita es la tristeza teñida de afga y no de grises cuando la vida recién condenada a morirse grita desde la calle. Y qué absurdo el volver teniendo más quemaduras en el cuerpo que la primera vez y no sólo externas. Y qué estrecho se me vuelve el lazo rojo que divide mi cabeza en muerte viva y vida muerta que ya no sé ni en qué consiste teclear y sin más no lo hago.
Aunque tal vez esté escribiendo, ¿pero quién sabe? Si me paso la respiración creando y dándole forma a mi levedad bailando el puntas por el abismo.
Aunque yo no sé bailar.
domingo, 14 de octubre de 2012
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