Mil novecintos noventa y seis suspiros.
Mil novecientos noventa y seis amaneceres.
Mil novecientas noventa y seis mentiras (algunas demasiado cerca de mis labios).
Mil novecientas noventa y seis
días
de
luto
por mi.
Mil novecintos noventa y seis suspiros.
Mil novecientos noventa y seis amaneceres.
Mil novecientas noventa y seis mentiras (algunas demasiado cerca de mis labios).
Mil novecientas noventa y seis
días
de
luto
por mi.
Y me mecen tus miradas, y mi aliento entrecorado. Y me mata la agonía de estar lejos de vivir. Y....
Despacio, demasiado despacio como para advertir que existes: existes. O no, porque ya nadie te mira.
Vives lejos, lejos de los respiros que supuestamente le da la vida a la gente normal.
Y vives lejos de querer, lejos de sentir más allá de lo que duele.
Más alla.. Más allá
(o en él)
tal vez vivieras, pequeña.
Pero: No.
Y me reduzco a un 'no puedo mas' entrecortado. Y no puedo más que sentir como resbala mi agua con sal por mis mejillas. Como descansan en mi cuello y al borde de mi clavícula se evaporan. Me reduzco a mirar por la ventana, a querer irme, a no aguantar más. Me reduzco a pensar en estar lejos, lejos de todo aquello que una vez llamé mío porque ya no lo siento así. Porque ya no puedo mas. Y yo lo intento, pero lo unico de lo que siento ganas es de gritar y de llorar y de fumar, porque sólo así me siento libre. Porque llevan 16 años haciéndome setinr parte de algo que me rompía, hasta que me partí en definitiva, y ya... Ya no pude mas. Y me rendí y aquí estoy. Ahogada entre mi puta impotencia, demacrada y comida por el tiempo (tiempo malgastado y arrancado de mis venas)
, y por las ganas de salir.
Y podría meter arena en un botecito de cristal, prodría beberme el mar, mirar al cielo y rcordarlo eternamente. Podria nadar hacia su centro, el horizonte. Y no llgaría nunca. Podría abandonarme a mi suerte entre sus olas, o la ausencia de ellas. En la nada. La más vacía nada recubierta de agua.
Las lágrimas de Dios, o las de sus renglonea torcidos.
Y podria esperar vivir de miradas, podria esperar que alguna de ellas se convirtiera en hechos. Pero, ¿para qué esperar? Llevo esperando dieciséis años a que algo me sorprenda. Llevo dieciseis años ahogada en desilusión. Podriaa guardr en una caja de cristal todos los días que me he partido en destructivos pedacitos.
Yo en bajito me consumo gotita a gotita que cae desde mi mirada. Yo despacito me deshago golpe a golpe de mi mente o a ella. Golpe a golpe de mí misma a mi ser. Golpe a golpe vibracioes a mis timpanos. Golpe a golpe todos aquellos que me dio mi vida.
Corta vida y chiquitita, como yo. Que me reduzco en cada letra mientras crece mi desgana y mi dolor. Qué dolor.
Tienes todo lo que necesitas para ser feliz y no lo eres. Y no lo quieres.
No lo quiero. Me gusta querer morir cada vez que lloro, cada vez que poco a poco las sábanas me asfixian y yo ya casi ni peleo. Y qué lástima.
Y te rompieron mi amor, y tú te dejaste. Te dejaste. Estás jodida por tu culpa. Te caiste, te pisaon y ya no te quisiste levantar.
' Ay, pequeña '
Voy a desnudarme y te voy a dejar leerme. Pero tendrá que ser despacio porque me entero poco y siento mucho. Te voy a dejar leerme.
Si me lees a mi que sea en braile a roces lentos. Ojos cerrados y a jadeos.
Si te dejo leerme. Que sea en verso. De esos en los que Bécquer habla de la muerte y me estremezco.
La primera vez que frunció el ceño fue la primera vez que se le enredaron los pies bailando. La primera vez que miró al suelo decepcionada fue cuando buscó salida en otros ojos y ninguno le ayudaba. La primera vez que se escapó de si fue la primera vez que la encerraron en su cuarto. La primera vez que lloró fue el primer segundo al respirar, ya no era parte de su madre. La primera vez que borró un recuerdo fue la primera vez que la llamaron gorda.
La primera vez que me buscó fue la penúltima en la que me abrí los nudillos contra la puerta. La primera vez que me morí fue de las segundas en las que puse banda sonora a mis desangros.
La primera vez que me quisieron... Se acabó.
La última mañana d vi vida hacía sol. Miré por la ventana y el mar me sonreía.
Mi amado mar... Me fundí en ti porque tú lo hacías cin el cielo.
Sonó mi alma dolorida, mi mente desgastada, mis ganas arrancadas. Sonó mi libertad ausente, sonaron mis gritos y mis llantos. Mis vadenes. Sonó aquel piano y me rasgué. Sonaron las olas desquebrajando el aire. Sonó mi vida, soné yo. Sonó morirme en el grito desgarrado y hueco, sonó flotar como en pompas de jabón, soné siendo aire, libertad, gramos de sal esparcidos. No encontrados. Soné en tres teclas. Soné Do agudo. Soné despacio. Floté. Soné. Soñé ojos abiertos alma muda. Fui. Viví mientas el aire se escapaba soplo a soolo acelerado pero agotado de mi ser. Soné, me oyeron. Viví, me vi. Morí.
Es mi frío quien me acuna cada dia que me tumbo pa' dormir y no lo hago por pensar. No te hablo de las noches, te hablo de las mías, las que yo creo. De apagar el sol con las persianas y escuchar dolor vía los cascos. Hablo del olor de mi dolor, del dolir de mis mañanas sin sonrisas. Su ausencia de color. De la brisa de las tardes y del humo. De llorar mejillas secas, de ahogarme con el aire y respirar tu piel-mis labios.