tengo las cortinas de mi fondo corroidas por la desgana que emano cuando estoy allí. tengo el viento carcomido por la ira, y el miedo guardado bajo el colchón.
tengo a los muelles gimendo por la ausencia de tus roces sobre él, y tengo mi vida dormida en los calcetines blancos del cajón aquel en el que un día te metí a ti. Me tengo acallada de tanto oirme y ya ni me miro de tanto verme así. así que cojo mis labios y los obligo a mirar al cielo sin pensar en lo oscuro que se ve mi suelo que tantas marcas de cristales rotos tiene ya. y sigo subiendo mecida en mentiras del odio que guardo de tantas que fingí no creerme. y respiro sin ansias de morir por una vez, y por una vez hago enmudecer a los tonos afga y me nace del cuello el fluirme del gris. y en gris me callo y en gris caigo. y me permito nadar en ese mar de carmín negado y me bailan las lámparas de cristal sobre las sienes.