¿Y qué hago yo con los escalofríos? ¿Me los trago hasta querer dejar de respirar?
No sé si asustarme o desgarrarme el encaje de los tobillos a la cintura.
Y ay bonita si tú apreciaras tu cintura tanto como lo hacen ciertas mentes o piernas entreabiertas. O ciertas piernas que no sólo desean tu mente. «Ay, pequeña.»
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