Hoy sólo me calamaría el sonido de cristales sonando al quebrarse contra el suelo, despedazándose arañándolo y él sin inmutarse.
Hoy que destrocen el techo que me quiero tragar el cielo. Que tengo la agonía metida en las costillas y no sé si quiero sacarla. Que te tengo a gritos jadeando en el estómago y ésta vez rozarme la campanilla no me sirve. Que me tengo a pedazos rajándole al viento mis cortinas, que ya han perdido su blanco y comienzan a mimetizarse con el color de mi fondo. Y mi alma muda dando golpes sin mirarme, como si me tuviera demasiado miedo, como si tuviera grabada en la emoria la ausenia d los ´´te quieros´´. Y luego al otro lado están los espejos con los ojos clavados en la nuca y yo siento unas manos que me agarran y oprimen mi tráquea hasta quebrarla, y entonces vuelve a sonar el vídrio. Tan frágil, translúcido y suave, como cuando las cuchillas están drmasiado cerca.
Y entonces pienso en ese pedazo de botella, tan limao y verde mar, con la envidia clavada en la laringe y el sol regodeándose pudiendo darle color. Tumbada en los hilos de Átropos, esperando a que con ellos me corte.
Hoy que destrocen el techo que me quiero tragar el cielo. Que tengo la agonía metida en las costillas y no sé si quiero sacarla. Que te tengo a gritos jadeando en el estómago y ésta vez rozarme la campanilla no me sirve. Que me tengo a pedazos rajándole al viento mis cortinas, que ya han perdido su blanco y comienzan a mimetizarse con el color de mi fondo. Y mi alma muda dando golpes sin mirarme, como si me tuviera demasiado miedo, como si tuviera grabada en la emoria la ausenia d los ´´te quieros´´. Y luego al otro lado están los espejos con los ojos clavados en la nuca y yo siento unas manos que me agarran y oprimen mi tráquea hasta quebrarla, y entonces vuelve a sonar el vídrio. Tan frágil, translúcido y suave, como cuando las cuchillas están drmasiado cerca.
Y entonces pienso en ese pedazo de botella, tan limao y verde mar, con la envidia clavada en la laringe y el sol regodeándose pudiendo darle color. Tumbada en los hilos de Átropos, esperando a que con ellos me corte.
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