martes, 17 de julio de 2012

Cursiva y en su espalda un «c'est la vie»

A la izquierda su invierno, una casa derruida pero bella entre enormes monstruos de metal y dos columpios azotados por el viento. Balanceos. En medio: Ella, desnuda. Mirándome indecisa. A su derecha su inestable verano emocional. Vacío pero adornado artificialmente. Y una noria. Una enorme noria rojo oxidado. Rojo: como su sangre. Oxidado como su piel de no ser acaricia. Encorvada y distraia asentía cuando la preguntaba si el cielo estaba en blanco porque no creía en Dios.
Aunque.
Aunque.
Aunque también podía representar su vacío personal (aquel que sólo morir llenaba)

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