miércoles, 4 de abril de 2012

Tenemos trescientas veinticuatro caras, y pocas pecan de inocencia.

Mentimos.
Amamos mentir. Lo hacemos por confort ajeno, por necesidad.
Nos sentimos obligados a pronunciar cosas contrarias a lo que nos aconseja nuestro cerebro.
Tenemos frío, nos preguntan y decimos no tenerlo.
Sonreímos cuando morimos por dentro, fingimos estar tristes cuando alguien a nuestro alrededor lo está.
Es humano. Es lo que nos convierte en ellos.
Es algo personal, cada uno tiene su manera.
Miramos hacia los lados, nos tocamos el pelo, nos lamemos los labios...
Tal vez sea también una estrategia para distraer.
<<¿Me quieres?>>
Ella se mordió el labio, se colocó el pelo, respiro mas fuerte, y el calló, cayó.Que tonto.
Ella se acercó.Se besaron.Sin amor.

-¿Me quieres?
-Sí. (No).

Él la mordió el labio, la colocó el pelo y ella respiró mas fuerte. Ella calló, él cayó. Más mentiras.

Amamos mentir, necesitamos hacerlo.



Aunque luego tal vez duela.

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